Cómo reparar metales oxidados

Cómo quitar el óxido en metales

Con el tiempo, vemos como muebles, puertas, rejas, aparatos metálicos, etc. que tenemos en casa se van oxidando. Esto ocurre fundamentalmente cuando estos elementos se encuentran a la intemperie, y pese a que intentemos protegerlos de la acción directa del agua, la humedad sigue afectándole.

En este artículo vamos a dar los consejos pertinentes para que puedas reparar y prevenir la oxidación, en la medida de lo posible, consiguiendo una mayor vida útil del objeto.

Desarmando el objeto

Como en nuestro caso no concretamos sobre el tipo de metal oxidado a reparar, este apartado dependerá de cada caso. Por ejemplo, si vamos a arreglar una mesa, convendrá desmontar las partes metálicas para poder trabajar sobre ellas con comodidad y conseguir el mejor resultado. Si vamos a rehabilitar una reja, está claro que no interesa desmontarla, salvo en casos muy especiales.

En el caso de que se pueda realizar un desmontaje, se hará de la forma más conveniente para que podamos reformar todas y cada una de las piezas que componen el objeto. Es posible que, en ocasiones, nos interese más deshacernos de algunas piezas y ponerlas nuevas, como pueden ser tornillos oxidados. En este caso, no vale la pena arreglarlos, ya que no conseguiremos un buen resultado al tratarse de un elemento muy pequeño y barato.

Preparando los metales oxidados para repararlos

Una vez desmontadas todas las piezas oxidadas que queremos reparar, vamos a proceder a prepararlas para su posterior tratamiento. Es conveniente analizar cada parte y sustituir las piezas que consideremos que deben ser sustituidas, ya sea por roturas irreparables o porque conseguir nuevas es económico.

Una vez escogidos los metales oxidados a reparar, lo primero que debemos hacer es limpiarlas y quitarles el polvo, grasa y suciedad. En el caso de que existan restos de grasa, lo más recomendable es hacer la limpieza con agua y detergente, e inclusive con quitagrasas.

Una vez bien limpias, procederemos a lijar para eliminar cualquier resto de óxido, ya que éste nos impediría realizar un posterior tratamiento, además de que seguirá deteriorando la pieza aunque aparente estar en perfecto estado.

Para el lijado utilizaremos lijas de grano medio o fino. Este proceso lo realizaremos con todas y cada una de las piezas que vamos a restaurar, hasta conseguir un resultado limpio de grasas, polvo y óxido.

También es conveniente eliminar los restos de pintura vieja que pueda quedar en los metales oxidados, de forma que el tratamiento se afiance lo más posible a la pieza, sin riesgo de ir desprendiéndose con el paso del tiempo.

Si lo consideramos necesario, para quitar la pintura podemos emplear líquidos especiales como quitapinturas, que nos ayudarán a eliminar todo rastro.

Cómo quitar el óxido

Es importante dar un buen tratamiento de pintura a todas las piezas oxidadas, de forma que no quede ninguna parte del metal en contacto con las agresiones externas, consiguiendo así una mayor durabilidad de nuestro trabajo.

Damos por hecho que ya tenemos las piezas totalmente limpias y libres de grasa, pintura y polvo. Ahora, procederemos a dar una mano de minio para cubrirlas por completo.

En la actualidad, hay pinturas de minio que son coloreadas y nos permite lucir el metal como pintado, de modo que haremos dos pasos en uno. Son un poco más caras, pero nos ahorrará mucho tiempo.

En el caso de que hayamos pintado con minio, esperamos a que este seque completamente y, de ser necesario, lijamos de nuevo con lija de grano fino para que quede lo más liso posible.

Es probable que tengamos que lijar ciertas partes de algunas piezas para permitir que vuelvan a encajar bien, debido al grosor que han aumentado al ser pintadas.

Para conseguir una buena terminación, es importante que la pintura no esté muy espesa, ya que el objetivo es que quede todo lo más liso posible. Tampoco deberá estar demasiado líquida, ya que de esta forma se irán creando antiestéticas gotas que estropearán nuestro trabajo final. Lo ideal es realizar un pintado suave y fino. Es preferible dar más manos y conseguir un resultado mejor que terminar pronto y que no nos acabe de convencer, por lo que tendremos que comenzar de nuevo todo el proceso lijando y pintando.

Antes de dar las manos posteriores, es importante observar que la pintura de la mano anterior esté completamente seca. Finalmente, y una vez haya secado todo, podemos proceder al montaje final del objeto metálico, lucirlo como nuevo ya sin partes oxidadas o rotas.

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