Cómo cuidar las hortensias

La s hortensias son plantas que pueden encontrarse en todos los jardines, y para tener la propia, no hace falta más que un par de consejos para cuidarla y mantenerla.

En primer lugar, tenemos que conocer su reproducción. La forma más apropiada es a través de esquejes, utilizando en el proceso algunas hormonas de enraizamiento para facilitar el arraigo de la nueva planta a la tierra de cultivo. Cuando hagamos la reproducción, no debemos excedernos en el agua de riego, puesto que podríamos saturar y ahogar a la planta.

Debemos asegurar un terreno ácido y rico en materia orgánica para las hortensias. Luego, enriquecer esta tierra con abono líquido cada 15 a 20 días en primavera y en verano, para augurar una buena floración y desarrollo. Si fuera necesario, corregir su verticalidad con cañas tutoras, y procurar que la planta tenga sombra algunas horas del día, en especial en los horarios de mayor calor.

Cuando tengamos la hortensia en tierra o en maceta, podemos darle otros tratamientos, algunos referidos a su bella coloración. Por ejemplo, para presenciar una brotación con un color azul intenso y magnífico, no hace falta más que enterrar al fondo de la maceta, o cerca del tallo, un pedazo de estropajo de aluminio. También, y antes de que florezca, incorporar a la tierra algunos viejos clavos, si están oxidados será mucho mejor, o bien agregar polvo de pizarra o tiza.

La humedad de la tierra debe ser constante, aunque no excesiva. Procuraremos un buen sistema de drenaje, para prevenir que el agua se acumule en su tierra, y regaremos a diario en pocas cantidades, incluso en otoño e invierno (mermando la cantidad de agua).

Antes de la brotación, en la época fría, la hortensia necesitará de una poda adecuada para lucir un mejor desarrollo luego, en la floración. Para esta poda, a fines del invierno debemos quitar las flores viejas, dejando una yema en la planta, debajo del corte.

Para conservar las hortensias en floreros, se debe cortar los tallos con tijeras de poda o cuchillo muy afilado, para no producir daños, en un corte oblicuo. Luego, hay que hacer dos cortes cruzados (trazando una X) en la base del tallo, dándoles una buena profundidad.

Preparamos el agua del florero o del recipiente, incorporando una cucharada de azúcar. Colocamos allí las flores y las dejamos en un lugar fresco, ventilado, pero sin corrientes de agua, recordando rociar las flores con regularidad, ya que el calor las marchitará velozmente.

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