Cómo transferir imágenes en madera

Cómo transferir una fotocopia a la madera

La transferencia de imágenes a maderas es una técnica simple, rápida y muy atractiva con la que podrás crear los más novedosos elementos. Imagina los adornos para las paredes de tu habitación, marcos de espejos y de fotos personalizados, la tapa de alguna caja donde guardes tus elementos más preciados, o simplemente una gran pieza de mobiliario. Esta técnica funciona en todo.

Elementos necesarios para estampar imágenes en madera

Para estampar tus imágenes en la madera, ya sean a color o en blanco y negro, lo primero es tener la superficie bien preparada: esto es sin pinturas, barnices, lacas ni otro producto, totalmente al natural. Además, necesitarás rodillos o pinceles para aplicar el adhesivo (de cerdas o espuma de goma), el pegamento en sí (un barniz cola dimensional, de base acuosa y acabado brillante, que en muchos sitios se conoce simplemente como "Mog Podge"), y por último, agua tibia.

Cómo copiar imágenes en madera

Prepara la madera lijándola, mientras dejas ventilar una fotocopia láser (no de chorro de tinta) con la imagen que quieres estampar. Recuerda que se trasladará en sentido inverso, por tanto, si tiene un texto, debes asegurarte que la fotocopia esté "al revés", como si la vieras en un espejo.

Una vez lijada y limpia la zona, pincela con una capa uniforme de adhesivo de barniz y otra similar al frente, sobre el papel. Con cuidado y sin demasiadas demoras para que no se seque el pegamento, coloca el dibujo sobre la madera, coincidiendo ambas superficies pinceladas con el barniz de cola al agua. No muevas el papel al hacerlo, pues en ocasiones el procedimiento es inmediato: presiona suavemente con la palma de la mano y tus dedos para asegurar un buen contacto, sin arrastrar, evitando movimientos y formación de burbujas. Deja secar durante tanto tempo como puedas, toda la noche si fuera posible.

Al día siguiente, humedece el papel, ya sea tocándolo con los dedos empapados en el agua o aplicando con un pequeño pulverizador, siempre con agua fría o templada, nunca demasiado caliente. Con las yemas de los dedos (o con algún elemento blando y delicado, como una goma de borrar lápiz) ve raspando muy suavemente el papel humedecido, que se irá desprendiendo en pequeños trocitos.

No temas usar más agua para facilitar el procedimiento, pues el papel debe estar siempre húmedo al ser retirado. Si quieres ir viendo el progreso de tu obra, seca con una secadora de cabellos para evidenciar los sectores blancos donde aún hay papel; vuelve a humedecerlos bien y retíralos raspando suavemente, con bastante paciencia.

Luego de raspar toda la superficie quedará completamente libre del papel y con la transferencia bien fija. Para protegerla de rayones o daños puedes rociar con barniz sintético en aerosol, o un esmaltado a pincel o rodillo. Listo, ya podrás lucir con orgullo tu fotocopia sobre la madera.

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